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lunes, 9 de noviembre de 2015

Encuentro con Mikel Alvira

Un sábado por la tarde, frío y lluvioso; esquivando a la gente, que se empeñaba en ir a paso de tortuga en un Madrid abarrotado de personas; mirando el reloj, pensando que los madrileños tienen un problema con la lluvia: se forman atascos, se colapsa el metro y se junta gente sin prisa que impacienta a los que llegamos tarde a una cita. Y mientras voy adelantando a los viandantes haciendo zigzag, descubro que ya he llegado a mi destino: el hotel de las Letras. Entro en la cafetería y busco entre la gente. Ahí están: A la mayoría les conozco, a algunos no, y de los nervios de llegar tarde no sé ni cómo saludar (a algunos creo que ni lo hice). Mikel Alvira me saluda, y va en busca de un asiento para mí (cosa que agradecí un montón, porque cuando vi esas butacas, lo único en que pensaba era que como tuviera que coger una, me fastidiaba del todo la muñeca).

Ya estamos todos: comienza el encuentro con Mikel Alvira. Acompañados de café y cervezas, la charla es muy breve, de repente nos damos cuenta de la hora y nos tenemos que ir. Llevamos 4 horas hablando, y el tiempo ha pasado volando.

Manuela me advirtió: Lee ya La novela de Rebeca, porque te aviso que vamos a hablar del final. Pues hablamos de todo, pero el final solo lo comentamos de refilón. Conclusión: Tenemos que hacer otro encuentro, ese libro se merece que hablemos del final largo y tendido.

Mayte iba equipada con su libreta, aquella que la acompañó durante la lectura de La novela de Rebeca, y en la que iba anotando aquellas frases para recordar, que le habían gustado o impactado, y todas las preguntas que deseaba hacerle al autor. Eran preguntas de escritora a escritor, y con la que los lectores disfrutamos mucho. Hablamos de tantas cosas (y sin tomar nota de nada, porque ¿quién apunta cosas mientras habla con amigos?) que me resulta muy difícil hacer esta crónica (o lo que sea). Así que os voy a hablar sin orden ni concierto de lo que me acuerdo. Seguro que me dejo muchas cosas en el tintero, así que al final de esta entrada os dejaré las crónicas del resto de los que estuvieron allí.


Una de las primeras cosas que surgió (y cualquiera que se haya leído el libro, seguro que también le ha venido a la mente): ¿Qué hay de Simón Lugar en Mikel Alvira? ¿Qué manías de escritor comparte, y cuáles tiene propias? Mikel nos contó que sólo compartía una: Guardar compulsivamente todo lo escrito, no hay nada que más rabia dé que perder el trabajo hecho. Y que no tenía más manías. O eso dijo en un primer momento, porque luego salieron a la luz unas cuantas…


También hablamos de esa portada tan atrayente. Aunque lo importante de un libro está en el interior y no deberíamos juzgar un libro por su portada: ¿Quién no ha leído un libro sólo porque la portada le ha llamado la atención, o porque un título le he atraído sin remedio? Entre tanta y tanta oferta, donde hay demasiadas novedades que duran muy poco tiempo en la mesa de novedades, destacar es importante. Lo primero que te entra por los ojos es la portada y el título. Si te atrae, cogerás el libro para ver de qué va. Y ya estás un paso más cerca de elegir ése en lugar del que está al lado. Mikel Alvira nos contó que la fotografía es de Ingunn Viste, que él propuso a la editorial utilizar una de sus fotografías porque le encanta esta fotógrafa. Hicieron varias pruebas, pero al final se quedaron con la primera, pero volviéndola azulada. Y con el título, él pensaba otro (Rebeca no es lugar para días grises), pero lo primero que le dijo la editora es que había que cambiarlo. La novela de Rebeca me parece un buen título, hace alusión tanto a la novela que se escribe como a las Rebecas que pueblan sus páginas.

También hablamos sobre los agentes literarios. ¿Son tan malos como tantas veces se nos muestran en la literatura? Mikel Alvira nos contó que para nada, que él está muy contento con la suya, pero que es verdad que dan mucho juego en una novela como contrapunto al escritor. Que cuando empezó con su agente literaria, le presentó el borrador de otras novelas. Y que un día hablando, le dijo que tenía otra, pero que era impublicable. Ella le dijo que quería leerla, y cuando lo hizo, dijo que quería publicar esa. Sabéis de qué novela estaban hablando, ¿verdad? Efectivamente, esa novela impublicable que está camino de convertirse en un gran éxito no era otra que La novela de Rebeca: un libro que juega con la estructura propia de una novela, con varios narradores, varias líneas de argumento y muchos saltos en el tiempo y en las tramas. Un libro que se vende como novela negra, pero que en verdad no lo es: Es mucho más, un juego metaliterario que al principio confundirá al lector, pero que después le parecerá una auténtica delicia. Mikel también nos contó el porqué del cambio de editorial: Él estaba muy contento con la suya, pero se le hizo pequeña, porque la distribuidora no era a nivel nacional, y necesitaba un cambio.

Mikel nos contó todo lo que había hecho en su vida profesional. Es una persona extremadamente creativa, el campo con el que mejor se maneja es el de las palabras, pero no es el único: Ha hecho cortometrajes, obras de teatro, guiones de musicales imposibles de convertir en realidad por el costo que tendrían, videoclips publicitarios, arte con letras e incluso algún discurso. Nos confesó que él no escribe libros, si no frases. Pero que para que le publiquen esas frases, tiene que “rellenar” con 300-400 páginas para que se las publiquen.

También se interesó por nuestros blogs, por el trabajo que les dedicamos, si leíamos de otra manera desde que los teníamos, de nuestras conversaciones en Twitter donde comenzamos hablando de un libro y terminamos contando que hemos ido a la peluquería, a recoger a los niños o que tenemos que hacer la cena. Le explicamos que es así porque, aunque nos empezamos a relacionar por los blogs y los libros, muchos terminamos haciéndonos amigos, aunque no nos hayamos visto nunca. Es la magia de internet: une a personas.

Si puedo ilustrar esta entrada con alguna fotografía es gracias a Mayte Esteban, que antes de irse me pidió que le hiciera una foto con Mikel, y me la hizo a mí también. Mikel nos prometió que, si íbamos al norte, no hacía una guía por la casa de Simón Lugar y su playa. Como dijo Manuela, no sabe dónde se ha metido, porque a la mínima oportunidad que tengamos, volveremos a organizar un encuentro como el de esa tarde, donde el tiempo pasó volando. Sin duda hay que repetirlo, y tenemos una “excusa” para hacerlo: ¡No hablamos del final! Una tarde magnífica, muchas gracias a todos, lo pasé genial.

Crónica de Concha. Ah, no, que no estaba Bea para escribirla ;)

* El resto de los presentes creo que no ha hecho crónica, al menos no la he encontrado.


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