domingo, 22 de noviembre de 2020

Relato: De árboles y ornitorrincos

 Estos días estoy muy liada y sin tiempo para el blog, pero no quería faltar a mi cita semanal, y aquí os traigo un nuevo relato. Espero que os guste. Muchas gracias por leerme. ¡Buena semana!



DE ÁRBOLES Y ORNITORRINCOS

—Tamara, sigo sin entenderlo. Exactamente, ¿a qué tienes miedo?

—Ya os lo he dicho, Nerea: miedo no es la palabra. Es… un cosquilleo.

—¿Un cosquilleo? ¡Pero eso es bueno! Es la emoción de lo nuevo, la ilusión de…

—No me refiero a ese cosquilleo. Es más bien un zarpazo.

Nerea se quedó mirando a Tamara, con las cejas arqueadas y la boca medio abierta, como si alguien le hubiera arrebatado la palabra que iba a salir de sus labios.

—Pero, pero... Tamara, creo que no hablamos el mismo idioma. ¡Un cosquilleo y un zarpazo tienen tanto que ver entre sí como un árbol y un ornitorrinco!

­—Bueno, en verdad ambas cosas sí están relacionadas: son seres vivos.

Se hizo el silencio. Era una quietud extraña, como si el propio silencio tampoco supiera qué decir. No pude evitar reírme, y mi carcajada hizo que las miradas de Nerea y Tamara se dirigieran a mí.

—Perdonad —dije entre risas—. Es que me he imaginado a un ornitorrinco queriendo hacer cosquillas a un árbol y, en su lugar, dándole un zarpazo.

Me miraron como si estuviera loca, cuando eran ellas las que habían empezado a hablar de árboles y ornitorrincos.

—Lo siento —dije antes de que pudieran decirme algo—, dejémonos de tonterías y vamos a centrarnos: Tamara, vuelve a explicarnos lo del cosquilleo. Digo, lo del zarpazo. Desde que te conocemos, siempre estás con un lápiz en la mano. ¿Por qué dices ahora que te da miedo pintar?

Tamara empezó a morderse el labio.

—No lo entendéis ­—dijo al fin, mientras movía compulsivamente una pierna­—. No es que ahora tenga miedo. Es que ahora el miedo es mayor que la ilusión. De ahí el cosquilleo, convertido en zarpazo. Antes estaba asomada a un precipicio y sentía vértigo. Ahora me he caído por él, y por mucho que mueva los brazos, no soy capaz de volar y cada vez veo más cerca el suelo.

Nos volvimos a quedar en silencio. Esta vez fue Nerea quien lo rompió.

—¿Y por qué no le pides al ornitorrinco que le diga al árbol que extienda una rama y te coja antes de que llegues al suelo?

—¿Qué? —Tamara parecía tan sorprendida como yo, con la diferencia de que ella sí fue capaz de pronunciar alguna palabra.

—Yo qué sé. Eres tú la que has dicho que están relacionados. Yo me pondría un paracaídas, pero como yo soy la amiga práctica y tú la creativa...

—Nerea —la reprendí—, ¿qué narices estás diciendo? Dejémonos ya de bromas, es un tema serio.

—No es ninguna broma. Tamara es capaz de volar. Es más, es capaz de hacer volar a cualquiera que mire sus dibujos. Pero si se le ha olvidado, pues que pida ayuda al ornitorrinco, ¿no? ¿Para qué existe un ornitorrinco si no es para impedir que te estrelles contra el suelo? O podemos mirar en el árbol, a ver si hay un cuervo como el de Dumbo y le da una pluma mágica. —Se quedó un momento callada, como si estuviera recordando algo—. Ah, no, que la pluma no era quien hacía volar a Dumbo: él siempre tuvo esa capacidad, aunque no lo supiera.

—¿Qué?

Tamara parecía incapaz de articular nada más allá de esa única palabra, pero yo entendí lo que pretendía hacer Nerea.

—¿Y por qué no pintas ese miedo? —sugerí—. Y luego, a un lado, dibujas a un ornitorrinco, y alrededor del miedo una rama que lo sujete bien. Así, cuando tú seas ese miedo, el árbol impedirá que te caigas. Pero cuando ese miedo no seas tú y sea eso oscuro que te impide hacer lo que más te gusta, esa rama estará sujetando al miedo para evitar que te dé un zarpazo.

—¿Qué?

—Bueno —dijo Nerea mientras le acariciaba el hombro a Tamara—, si no te fías del ornitorrinco (teniendo en cuenta que tu vocabulario se resume a una palabra, no sé si podrás comunicarte con él), podemos hacer puenting para que veas que, aunque parezca que te vas a chocar, siempre hay una cuerda (o unas amigas) para sujetarte.

—Estáis como una cabra, ¿lo sabéis? —sonrió Tamara—. Pero creo que me gusta esa idea. No, Nerea, no lo de hacer puenting, antes adopto a un ornitorrinco. Me refería a lo de dibujar el miedo. Si logro pintarlo, si lo atrapo en un cuadro... Si lo vuelvo real, algo tangible, seré yo quien tenga poder sobre él.

 

—Le preguntaba si podría decirnos cómo surgió la idea de este cuadro. Transmite tantas emociones… Pero lo que maravilla a todo el mundo es el ornitorrinco que aparece en la esquina, y su inexplicable y a la vez manifiesta relación con el resto del cuadro.

Nerea y yo nos miramos: A ver cómo le revelaba Tamara a esa periodista la relación entre un árbol, el miedo y un ornitorrinco sin parecer una loca.


9 comentarios:

  1. Me ha encantado. Super original y con ritmo mezclando realidad e imaginación dentro de una misma historia

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  2. Me ha gustado mucho Teresa, el que más hasta ahora. Por cierto, me siento muy Nerea, hubiera sido como ella durante la conversación.
    Un beso

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    Respuestas
    1. Jajajaja, muchas gracias, Inés. Un abrazo enorme 😘

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  3. Pues me ha gustado mucho. Te ha quedado muy bien. Me quedo con las ganas de ver cómo explica a Tamara esa curiosa relación...
    Besotes!!!

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  4. Me ha gustado. Mezcla de realidad y fantasía y con sentido del humor. Un beso!

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Me encantaría que me comentaras, en especial si has leído el libro :)

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