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martes, 3 de junio de 2014

Palmeras en la nieve, de Luz Gabás



Título: Palmeras en la nieve
Autora: Luz Gabás
Nacionalidad: España
Temas de hoy, 2012
736 páginas
Tapa dura con sobrecubierta
Precio: 22,50 euros
ebook: 9,49 €





Argumento

Es 1953 y Kilian abandona la nieve de la montaña oscense para iniciar junto a su hermano, Jacobo, el viaje de ida hacia una tierra desconocida, lejana y exótica, la isla de Fernando Poo. En las entrañas de este territorio exuberante y seductor, le espera su padre, un veterano de la finca Sampaka, el lugar donde se cultiva y tuesta uno de los mejores cacaos del mundo.

En esa tierra eternamente verde, cálida y voluptuosa, los jóvenes hermanos descubren la ligereza de la vida social de la colonia en comparación con una España encorsetada y gris; comparten el duro trabajo necesario para conseguir el cacao perfecto de la finca Sampaka; aprenden las diferencias y similitudes culturales entre coloniales y autóctonos; y conocen el significado de la amistad, la pasión, el amor y el odio. Pero uno de ellos cruzará una línea prohibida e invisible y se enamorará perdidamente de una nativa. Su amor por ella, enmarcado en unas complejas circunstancias históricas, y el especial vínculo que se crea entre el colono y los oriundos de la isla transformarán la relación de los hermanos, cambiarán el curso de sus vidas y serán el origen de un secreto cuyas consecuencias alcanzarán el presente.

En el año 2003, Clarence, hija y sobrina de ese par de hermanos, llevada por la curiosidad del que desea conocer sus orígenes, se zambulle en el ruinoso pasado que habitaron Kilian y Jacobo y descubre los hilos polvorientos de ese secreto que finalmente será desentrañado.


Mi opinión

Hace mucho que quería leer este libro (desde que se lo regalaron a mi hermana, vi esa portada tan bonita y leí la sinopsis), pero su peso me echaba para atrás. Y no digo el elevado número de páginas, me refiero, literalmente, a su peso. Llevar eso en el transporte público es casi imposible, a ver cómo sujetas un libro de semejante tamaño con una mano, mientras en la otra llevas la comida, en el hombro el bolso, y te sujetas en la barra del metro, de pie, apiñada con otras tropecientas mil personas que se dirigen a trabajar.

¿He dicho alguna vez que odio el transporte público, especialmente el metro? Vamos todos como borregos, corriendo para no perder un metro (cuando el siguiente llega en menos de cinco minutos), siempre con prisas, como sardinas en lata y, la mayoría de las veces, de pie. Menos mal que voy siempre con un libro, y me abstraigo durante todo el trayecto.

Esto venía porque... (últimamente me disperso mucho, como podéis comprobar). Ah, sí, el peso de Palmeras en la nieve. Al fin lo di por misión imposible, y opté por intercalar su lectura en el libro electrónico y en papel.

Me ha gustado bastante, pero he de reconocer que me esperaba más. Empieza con un principio de infarto, de esos que te atrapan, presintiendo que estás ante una historia muy especial que te va a enamorar.

“Esta noche os amaréis con desesperación porque sabéis que va a ser la última noche que pasaréis juntos. Nunca más volveréis a veros. Nunca”.

Pero cuando iba por el 40 % o así, sentía que llevaba casi medio libro, y no me había contado nada. Sí, la historia era interesante, pasaba sin dificultad las páginas, no se me hizo aburrido, pero sí un poco pesado por la sensación de no saber a dónde se dirigía la historia, o más bien, que no llevaba a ninguna parte.

Y entonces dejé su lectura para empezar La princesa prometida, pues teníamos la lectura conjunta, y no había calculado bien lo que iba a estar con Palmeras en la nieve (no me gusta leer dos libros a la vez, cuando me meto en una historia, no me gusta mezclarla con otras. Sí, cada uno tiene sus manías, pero en lo que a libros refieren, no hacen daño a nadie).

Y cuando retomé Palmeras en la nieve, esa sensación desapareció, conseguí meterme realmente en la historia y empezar a disfrutarla.

Y cuando terminé la historia, me di cuenta de dónde había estado (para mí) el problema: precisamente, en ese principio que tanto me había gustado. Por dos cosas: primero, deja el listón muy alto, y tarda en recuperar el ritmo y ese halo de misterio que impregnaba todo el prólogo. Y segundo, desvela demasiado. Cuando retrocede al pasado, ya sabes lo que va a pasar, y para mí, eso le ha quitado parte de la intriga y del encanto a la historia. Y el misterio del presente... bueno, también se intuye muy pronto, aunque he de reconocer que después lo resuelve de una manera que no esperaba exactamente que fuese así.

Eso en cuanto a las pegas que yo he encontrado. Tal vez sea porque últimamente me estoy volviendo más exigente con la lectura, espero más, no me conformo, y veo fallos donde otros no.

No quiero que os llevéis una idea equivocada, porque Palmeras en la nieve me ha gustado. Tal vez en alguna ocasión se me ha hecho un poco pesado, pero luego ha recuperado el ritmo, y el personaje de Kilian me ha conquistado por completo. Es una historia de amor agridulce, de esas que marcan la vida de los dos protagonistas para siempre, que deja una huella indeleble en tu alma.

La historia del pasado tiene muchísima más fuerza que la del presente, pero la línea argumental del presente cumple muy bien su función: descubrirnos la historia de ambos hermanos, del amor prohibido de uno de ellos, y cómo el futuro, aun sin saberlo, está marcado a fuego por el pasado.

El protagonista indiscutible es Kilian. Otros personajes también tienen mucha importancia, pero el peso de toda la historia recae sobre él. Y en ese sentido, la carga no le queda grande, porque está perfectamente construido, es humano, real. Deja de ser un personaje para convertirse en una persona, logrando que te preocupes por él y por lo que le va a pasar (aunque ya lo sabes).

No conocía mucho sobre las colonias españolas en África. La historia principal se desarrolla concretamente en la isla Fernando Poo, y muestra la vida no solo de los colonos españoles, sino también de la población autóctona; también nos enseña la labor que suponía el cultivo del cacao, el duro día a día, pero la satisfacción por un trabajo bien hecho, y el amor por ese pedacito de tierra tan alejado del hogar de los españoles, pero que, sin que puedan remediarlo, se gana su corazón para siempre.

Siempre me ha interesado el tema de las colonizaciones, cómo se escudaban en que era por el bien de los nativos de allí, a quienes llevaban el progreso, mientras imponían su religión y sus costumbres, y se quedaban con sus riquezas. Es la imposición del más fuerte, y a lo largo de la historia se repite, aún hoy en día, los países más desarrollados se aprovechan de aquellos menos desarrollados, quedándose con sus materias primas a cambio de unas migajas.

Lo bueno de Palmeras en la nieve es que procura ofrecer una perspectiva completa y no sesgada, porque al fin y al cabo, ni todos los colonos ni todos los nativos eran iguales, cada uno lucha por lo suyo y por lo que cree correcto, lo sea o no. Esa, al fin y al cabo, es la esencia del ser humano.


Recomendación final

En resumen, esta NO es una opinión negativa, porque me ha gustado la historia (y como podéis ver al final, le he puesto buena nota), simplemente no me ha parecido perfecta, y tenía la necesidad de compartirlo. Mirad otras opiniones, y veréis que otros han disfrutado mucho más que yo de esta historia, la cual recomiendo leer, aunque le haya puesto peros.

¿Habéis leído Palmeras en la nieve? ¿Qué os ha parecido a vosotros?


Valoración:

7,5/10
“Es un lugar común hablar sobre cómo el colonialismo 
envilece por igual al colonizador y al explotado...”
Álvaro Mutis


           
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