miércoles, 8 de noviembre de 2017

La línea del frente de Aixa de la Cruz




Título: La línea del frente
Autora: Aixa de la Cruz
Salto de página, 2017
184 páginas

No sé cómo enfrentarme a este libro. Si tuviera que decirle a alguien de qué trata, ¿qué le contaría? Tras mucho pensarlo, lo tengo claro: le leería la sinopsis, que para eso se la han currado los de la editorial. Y le diría que este es uno de esos libros en los que la trama no es lo primordial. Sofía, su protagonista, es lo importante. 


Argumento

Sofía se muda a la casa de vacaciones de sus padres en Laredo para escribir una tesis doctoral sobre Mikel Areilza, un escritor que militó en ETA y se suicidó en el exilio. Desde su terraza se divisan el mar y el peñón donde se ubica El Dueso, la prisión en la que cumple condena Jokin, un ex novio de quien se ha vuelto a enamorar por correspondencia. A medida que avanza el otoño y la urbanización se vacía, la protagonista se aísla cada vez más. Sólo se comunica con el conserje, con la presencia fantasmal de un vecino que se autodestruye en los jardines comunitarios y, una vez por semana, en la cárcel, con Jokin. El resto del tiempo lo emplea en dilucidar los últimos días de Areilza con la ayuda de los diarios de un dramaturgo argentino con el que trabajó. El misterio en torno a su objeto de estudio pronto se traslada al resto de los personajes con los que convive. Nadie es lo que parece o, más bien, lo que ella querría que fuera. 


Mi opinión

La autora, Aixa de la Cruz, te coge de la mano y te introduce en la mente de Sofía, y durante unos días la acompañarás en esa casa de Laredo donde se encierra para dejar la vida pasar. Serás una sombra de su soledad, la más dura de todas: la buscada, para dejar de ser tú, porque ya no sabes quién eres, y sólo buscas infligirte daño para no sentir nada más, o tal vez para, simplemente, volver a sentir, de otra manera.

Sofía se autoimpone un aislamiento que sólo rompe cuando va a ver a la cárcel a Jokin, su primer novio, y con quien ha vuelto a comenzar una relación. Deja de ver al resto del mundo. Su único contacto con la realidad será con su conserje, con un vecino drogadicto al que espía por la ventana y los diarios de un dramaturgo argentino que le ayudan a desentrañar quién es Mikel Areilza, un escritor que fue militante en ETA y sobre quien está escribiendo su tesis.


Pero por mucho que huyas de todo, no puedes huir de ti misma. Y eso es lo que le pasa a Sofía. Sus pensamientos obsesivos nunca la abandonan. A medida que deja de formar parte del mundo, que reniega de él hasta que éste sólo lo conforman Jokin y Mikel Areilza, las líneas de la realidad empiezan a desdibujarse. Intenta analizar a ambos como si fueran personajes, intentando rellenar las lagunas de información que le faltan, «rastreando a un fantasma», como ella misma reconoce.

Sofía dice en una ocasión que volver con Carlos, su exnovio, ni en sueños. Pero no puede evitar pensar en él y en la vida que compartían, en quién era ella cuando estaban juntos. Y en cómo todo cambió cuando vio en las noticias que habían detenido a Jokin por terrorismo. Algo se rompió dentro de ella. Y la obsesión por comprender empezó a crecer en ella, hasta inundarlo todo. Al final, creo que todo se reduce a eso: a entender. La imagen que tenía Sofía de su primer novio se rompe, y eso cambia todo su pasado, hasta el punto de que se cuestiona su futuro. Y no puede avanzar hasta comprenderlo. Por eso su obsesión con Areilza, con Jokin, con ETA, con reconstruir su pasado, por tratar a Jokin como un personaje y no como una persona. Porque las personas tienen misterios, secretos, nunca llegas a conocerlas del todo. En cambio, a los personajes es más fácil conocerlos, controlarlos, definirlos. «Nuestra biografía es siempre una ficción, nada de lo que recordamos ocurrió como lo recordamos, o como nos lo contamos…».

Y como su vida empieza a girar en ofuscados círculos, desconecta del mundo, ya no es el que ella conocía y no siente la necesidad de formar parte de él. ¿Quién no ha sentido alguna vez la necesidad de desconectar, de darle al botón de pausa? Pues eso hace Sofía, pero llevándolo al extremo. «Estoy tanteando mis límites: cuatro días sin ducharme, dieciocho horas sin comer, seis días sin utilizar mis cuerdas vocales». Y te dan ganas de abrazarla, de acunarla como a una niña pequeña, de decirle que ha caído en un pozo muy oscuro, pero que hay luz más allá. De, simplemente, cogerla de la mano y acompañarla mientras combate sus fantasmas, para hacer menos solitaria su soledad.


Al principio decía que, si tuviera que contarle a alguien de qué va La línea del frente, no sabría muy bien qué responderle. Pero es que no es lo importante, al igual que lo importante no es lo que le pasa a Sofía, sino cómo se enfrenta a ello. Es curioso, porque siento que conozco a Sofía, al fin y al cabo, he estado en su mente y conviviendo con ella en ese autoencierro, pero al mismo tiempo siento que no la conozco en absoluto, que sólo he conocido a su sombra y que, si mañana me cruzara con ella por la calle, no la reconocería. Porque Sofía nunca ha sido un personaje, es una persona.

¿No os pasa a veces que, tras finalizar una lectura, pasados unos días, esta ha ganado? En intensidad, en profundidad, en la huella que te deja. Eso me ha pasado a mí con La línea del frente. Ese es otro de los motivos por los que me gusta tener blog: terminas un libro, y no empiezas otro. Bueno, sí, pero antes de darlo por “finalizado”, te sientas ante un folio en blanco y te dices: “voy a hablar de este libro”. O más concretamente, lo que suelo hacer: “voy a pensar sobre este libro, a plasmar la impresión que me ha causado, lo que me ha transmitido”. Y, muchas veces, tras verter por escrito todo eso que pululaba por tu mente de forma abstracta e inconcreta, el libro crece. Es una maravilla. Por eso nació este blog, y por eso sigo con él casi 5 años después.

Volviendo a La línea del frente (que me disperso, perdonad), sólo me queda decir, por si no había quedado claro, que me ha gustado muchísimo. Es un libro para leer con calma, descubrir a Sofía y acompañarla durante su odisea. Y el final… me ha parecido TAN maravilloso, que no tengo palabras. Bueno, aunque las tuviera, no os las diría, que os lo destriparía. Creo que, cada persona que lea el libro, conocerá a una Sofía diferente. ¿Te atreves a hacerlo?



10 comentarios:

  1. Vaya reseñón! Este verano estuve en Laredo y con tanto misterio y psicología quiero conocer a Sofía.
    Besos

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  2. Pues me parece una lectura muy interesante y creo que me gustaría.
    Un beso

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  3. Pues has despertado mi curiosidad sobre este libro

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  4. Jo Teresa ! Me lo llevo pero así mal vamos ¿eh? Ni siquiera lo conocía y me has dejado con unas ganas tremendas.
    Besos.

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  5. Tiene muy buena pinta, apuntado queda...
    Besos

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  6. Conforme te iba leyendo se me iba erizando el vello; a ver: me gusta lo que cuentas, creo que al igual que en otros momentos de nuestro historia (por ejemplo, Guerra Civil) queda mucho o todo por decir, cada persona que vivió tan tremendo episodio tiene una novela entera para sí misma. Por otra parte me trae recuerdos de unos años en los que viví muy atemorizada y con el alma en vilo en el Norte de España, deseando solo volver a casa...pero en líneas generales la curiosidad puede a los prejuicios o la pereza.
    Me gustará conocer a Sofía y "su mundo"...

    Un besito carinyet!

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  7. Menuda reseña, me alegra que hayas disfrutado tanto con esta lectura y que haya provocado tantas cosas en ti. Besos.

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  8. Me has convencido totalmente. Has conseguido transmitirme muy bien tus sensaciones.
    Un beso ;)

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  9. Cómo se nota que has disfrutado con esta lectura de principio a fin! Imposible dejarla pasar.
    Besotes!!!

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  10. No me habías hablado de este! Me parece una muy buena opción, me lo llevo
    Besos

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